Nuestra Historia – A la mitad del camino y más allá (Parte 7)
Dios primero nos llamó a Ecuador para rescatar a los niños, y hemos llegado a tener diecinueve en nuestra casa, incluyendo a Nathan y Emily. Hoy en día, sus edades van desde Nathan (nuestro hijo mayor) de 34 años, hasta el menor, Lenny que tiene 22.
Los primeros años, cuando los niños eran pequeños, daban mucho trabajo, ciertamente, pero eran un deleite la mayor parte del tiempo. La promesa de Dios se cumplió abundantemente al hacer de esta “mujer estéril” una “madre alegremente llena de niños” (tanto Nate como Emily fueron bebés milagrosos).
Sin embargo, como todos sabemos, los niños crecen y durante ese proceso se convierten en adolescentes. Haciendo cálculos, esto significa que en algún momento tuvimos al menos diez adolescentes al mismo tiempo.
A veces se trazaban líneas de batalla entre los diversos grupos familiares que vivían en nuestro hogar, y otras veces, se unían entre sí o contra nosotros. Pero más allá de esto, y debido a las malas experiencias vividas antes de llegar a nuestro hogar, surgieron complejidades sobre todo entre “no hermanos” masculinos y femeninos que, de haber sido más sabios como padres, podrían haber sido previstas y tratadas de manera diferente. A pesar de todo, intentamos como cualquier padre, establecer límites para proteger a los niños (y a nosotros mismos) del dolor que conllevan las malas decisiones. No obstante, debido a esos límites, un par de niños rechazando someterse a nuestro intento de criarlos, eligieron irse. Otros optaron por cruzar esos límites tan a menudo que dolorosamente tuvimos que pedirles que se fueran (aunque siempre nos aseguramos de que tuvieran un lugar a donde ir).
Durante esos años, hubo muchas veces donde sentí que me derrumbaría bajo el peso de todo eso, a menudo sintiéndome indigna y un fracaso como madre. Además de ello, luché con mis prioridades: si me quedaba en la escuela como maestra o me quedaba en casa para estar disponible para los niños, batalla que enfrentan todas las madres trabajadoras, supongo. Pero este “trabajo” no era solo un trabajo, también era nuestro Ministerio. Entonces, ¿en dónde se suponía que pondría mi tiempo y mi energía? ¿En quién me convertiría el Señor? Releer mis diarios de aquel tiempo ha sido duro, mas ha sido también un recordatorio asombroso de la fidelidad de Dios. Una vez, Emily me encontró escondida y llorando en la bodega de mi habitación después de enterarme de que la familia iba a crecer, inesperadamente, una vez más. Me dijo: “No tienes que ser una súper Mamá, porque ya tienes un súper Dios”. Y no, yo no estaba calificada, pero fui llamada y eso significaba que a pesar de mis fracasos, los errores que cometí y que ciertamente cometería al criar a estos niños, Dios me había elegido para esta función, y era su responsabilidad en última instancia, guiarlos hacia Él.
Y lo ha hecho, una y otra vez. Seis de nuestros hijos ahora están casados, lo que agrega a sus maravillosas parejas a nuestra familia. Todos excepto Nathan con su familia, y Grace con su esposo Peter, viven en la ciudad de Quito. Grace y Peter se se graduarán este mes de la universidad, Grace como Higienista Dental y Peter con un título de la Universidad de Wharton en Pennsylvania.
Algunos de ellos ahora son padres y con hijos propios. Nathan y Jonna nos han bendecido con dos hermosos nietos, Sadie y Owen. Maggie y David nos han dado al encantador Thiago y quien ahora está en Kindergarten en Montebello. Boris y Fernanda tienen tres hijos, Zoe, Milca y Nathaniel. Mauricio y su esposa Fanny nos han regalado al pequeño y dulce Lionel. Y si bien la llegada de algunos de los bebés no fue de la manera que hubiesemos planeado, los bebés siempre son una bendición, y no podríamos imaginar nuestras vidas sin Kristen y el bebé Ian de Valeria, el pequeño y adorable Eric de Nella y la pequeña Briana de Isabel.
Varios de nuestros hijos y algunas de sus parejas, trabajan en la escuela, sirviendo junto a nosotros en Montebello. Otros, como Boris y Nathan, están involucrados en sus propios ministerios, y nuestros corazones se regocijan en todo lo que Dios ha hecho y está haciendo a través de ellos. Muchos de esos niños, alguna vez lastimados y abandonados, son ahora adultos y con vidas que reflejan el trabajo que Dios hizo para rescatarlos para atraerlos a Él y redimirlos. Algunos se encuentran aún en el camino hacia la integridad, tratando de tomar mejores decisiones con sus vidas. Otros más se tambalean allá afuera en algún lugar, sin aún haber comprendido la bondad de Dios y los propósitos para los cuales los puso en nuestro hogar. Pero ya sea que caminen con Él hoy o todavía sean pródigos, creemos que debido a que Dios es Soberano, ya sea por un corto o largo tiempo, su presencia fue parte del trabajo en sus vidas para redimirlos del modo de vida vacío que les transmitió la sociedad y sus familias rotas. Y sabemos que, igual que la nuestra, ninguna de sus historias está completamente escrita. Hasta el día en que estén en la presencia de Dios como todos, aún hay esperanza.
Estamos muy agradecidos con quienes han estado aquí desde el principio, luchando hombro a hombro en batallas bastante difíciles. También estamos agradecidos con los más recientes, aquellos que han venido a trabajar con nosotros en un momento en que, más que nunca, nuestra misión está bajo la amenaza de enemigos vistos y no vistos, mientras la cultura posmodernista levanta su puño contra Dios y su pueblo. Pero todos ellos son más que “soldados” para nosotros. Junto con los hijos y nietos que Dios agregó a nuestro hogar, consideramos que estas personas también son nuestra familia. En Mateo 19:20, Jesús dice: “Y todos los que dejaron casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o campos por mi causa recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna”. Él nos ha dado eso y mucho más. Somos bendecidos.
Este video es un reconocimiento a la incansable labor de una madre que desde el inicio puso el destino de su vida en las manos de Dios y sin ella, mucho de lo que hoy conocemos como Montebello, no hubiera sido posible. ¡Gracias Sharon!









